Autónomo VERSUS Sociedad limitada. Responsabilidad y obligaciones tributarias

En el siguiente artículo vamos a tratar de resolver más dudas que nos pueden surgir a la hora de decidirnos por ser autónomo o constituir una Sociedad. En este caso nos vamos a centrar en la responsabilidad y las obligaciones tributarias de las dos opciones.

Respecto a la responsabilidad, en el caso del autónomo, éste responde de las posibles deudas que tenga del ejercicio de su actividad con su patrimonio personal. Otra opción es establecerse como emprendedor de responsabilidad limitada, lo que tiene ciertas ventajas con respecto al autónomo. La más destacada de esta opción es que no haces frente a las deudas contraídas con tus bienes, o al menos con la vivienda, la cual debes excluir indicándolo debidamente en el Registro Mercantil y en el Registro de la Propiedad, es decir, debes dejar constancia de qué inmueble quieres desvincular de tu actividad económica. Es importante saber que el inmueble debe cumplir con una serie de requisitos para estar exento de tu responsabilidad empresarial. Estos requisitos son que el valor de la vivienda no puede superar los 300.000 € y si la vivienda está situada en una población de más de 1.000.000 de habitantes, no podrá superar los 450.000€. La mayor ventaja de esta opción para las personas físicas es que no responden con su inmueble personal.

Los autónomos tienen tener presente que la figura de emprendedor de responsabilidad limitada no les ampara de todas sus deudas, sino únicamente de aquellas que tengan origen en su actividad profesional, por lo que seguirán respondiendo de sus deudas familiares y particulares, así como a sus deudas tributarias o con la seguridad social y todas aquellas deudas contraídas con anterioridad a la adquisición de la condición formal de empresario de responsabilidad limitada.

En el caso de que se opte por la opción de constituir una Sociedad Limitada, la responsabilidad en caso de deudas solo alcanza al patrimonio de la empresa sin implicar el patrimonio personal.

Respecto a las obligaciones tributarias de las dos opciones, ambas deben pasar cuentas con la Agencia tributaria tanto trimestralmente como anualmente. La principal diferencia entre ellas es que el autónomo debe tributar por IRPF, el cual es un impuesto progresivo es decir que con grandes beneficios el tipo a aplicar es mayor y la sociedad deber pagar el Impuesto de sociedades en función de su beneficio obtenido que actualmente está en el 25 %. Este porcentaje se aplica como norma general salvo que en algunos supuestos se pueda disminuir mediante algún tipo de deducción.

La factura fiscal en el IRPF es más alta que en el impuesto sobre sociedades a partir de un determinado baremo de ingresos, por lo que optar por una forma de tributación u otra es la eterna duda para muchos autónomos

El optar por constituir una sociedad limitada, a veces puede servir para amparar prácticas tendentes a reducir de manera ilícita la carga fiscal mediante la utilización de éstas, cuyo riesgo aclararemos en otro momento.

La normativa básica tanto del IRPF como del impuesto de sociedades se puede encontrar en la página de la Agencia tributaria.

Normativa básica de IRPF

Normativa básica del Impuesto de sociedades

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